miércoles, 27 de julio de 2011

La alquimia padre de la ciencia


La alquimia padre de la ciencia





Toda la ciencia del Universo se concentraba en cuatro elementos naturales: tierra, aire, fuego y agua. Ésta era la base para la fabricación de un quinto elemento, capaz de potenciar la propiedades de todos los demás. Pero acceder a este conocimiento no era sólo una cuestión de ciencia sino de fe.


Siempre se ha destacado el carácter hermético de esta protociencia, a caballo entre múltiples disciplinas y al limite entre lo científico y lo esotérico, lo filosófico y lo religioso. Una práctica muy popular rodeada de mitos y potenciada en gran medida por el secretismo de los conocimientos adquiridos por quienes decidieron estudiarla. Sin embargo, no hay que olvidar que personajes tan importantes como Newton o Boyle también llevaron a cabo algunas investigaciones en el estudio de las 'bases elementales', por lo que la alquimia no ha sido sólo cosa de 'magos' locos y charlatanes, un percepción muy extendida en las sociedades modernas.


Se cree que la alquimia se viene practicando desde las civilizaciones mesopotámicas, y que primero los griegos y luego los romanos, continuaron con estos estudios, al margen de lo que ya se estaba desarrollando también en tierras islámicas.


En Europa vivió su máximo esplendor durante la Edad Media. Para entonces, la alquimia ya había adquirido tintes de corriente esotérica que, unida a los precedentes filosóficos de esta disciplina, se dedicó a dar una nueva versión de los elementos esenciales que componían el mundo. Los alquimistas se formaban durante muchos años en diferentes áreas del conocimiento: la astronomía, la medicina, la física y la química... Y aderezaban todo estos con ciertas dosis de misticismo con el que elaborar una especie de 'código secreto' en el registro de los conocimientos alcanzados.


Lo cierto es que al no existir un lenguaje concreto para explicar estos 'descubrimientos', los alquimistas no dudaron en recurrir a la simbología del esoterismo para guardar con recelo sus avances.
Entre los usos más conocidos de la alquimia, se destacan estos dos: por un lado, la trasmutación de metales vulgares en metales preciosos y por otro, la búsqueda de una sustancia capaz de curar todas las enfermedades y que permitiera alcanzar la inmortalidad. La piedra filosofal -el elemento capaz de conseguir esas trasmutaciones- y el elixir de la vida, fueron un objeto muy codiciado durante varios siglos, y en su búsqueda se invirtió mucho esfuerzo y, por su puesto, mucho dinero.
En este sentido, dentro de esta búsqueda esotérica de soluciones, no hay duda de que gracias a la inversiones que se realizaron en este ámbito, se logró que el instrumental de laboratorio evolucionara mucho durante estas investigaciones y este material favoreció al desarrollo de estudios posteriores en disciplinas estrictamente científicas.


Menos accesibles, sin embargo, han sido los documentos encontrados acerca de las investigaciones en el ámbito de la alquimia, al tratarse de textos encriptados para que sólo los más avanzados en este 'arte' tuvieran capacidad de interpretarlos. Y es que, según muchos estudiosos, los alquimistas a menudo se referían a elementos que ni siquiera se correspondían con realidades físicas, sino que hablaban de ellos en sentido metafórico. Se cree incluso que la ansiada 'piedra filosofal' no era un objeto, sino el perfeccionamiento espiritual de quien dedicaba su vida a esta búsqueda.




Pero no todo el mundo estaba preparado para adquirir estos conocimientos y para aplicarlos con responsabilidad. Por eso el lenguaje de los alquimistas es un lenguaje que pretende 'despistar' a los incautos y disuadirlos de adentrarse en el camino de la 'Gran Obra', que podía ser tan poderosa como destructiva.


La palabra alquimia procede del árabe al-kīmiya o al-khīmiya , que podría estar formada por el artículo al- y la palabra griega khumeia (χυμεία), que significa ‘echar juntos’, ‘verter juntos’, ‘soldar’, ‘alear’, etcétera de khumatos, ‘lo que se vierte’, ‘lingote’, o del persa kimia, ‘oro’). Un decreto de Diocleciano, escrito en griego sobre el año 300, ordenaba quemar «los antiguos escritos de los egipcios, que trataban sobre el arte de fabricar oro y plata»1 la khēmia transmutación. La palabra árabe kīmiya, sin el artículo, ha dado lugar a ‘química’ en castellano y otras lenguas, y al-kīmiya significa, en árabe moderno, ‘la química’.


Se ha sugerido que la palabra árabe al-kīmiyaˀ significaba en realidad, originariamente, ‘la ciencia egipcia’, tomando prestada del copto la palabra kēme, ‘Egipto’, así alquimia era el 'arte de Keme' (o su equivalente en el dialecto medieval bohaírico del copto, khēme). La palabra copta deriva del demótico kmỉ, y éste a su vez del egipcio antiguo kmt. Esta última palabra designaba tanto al país como al color ‘negro’ (Egipto era la ‘tierra negra’, en contraste con la ‘tierra roja’, el desierto circundante), por lo que esta etimología podría también explicar el apodo de ‘magia negra egipcia’. Sin embargo, esta teoría puede ser sólo un ejemplo de etimología popular.
En la Edad Media se solía usar la expresión ars chimica para aludir a la alquimia.

Tres fueron los objetivos fundamentales que persiguieron los alquimistas. Por un lado intentaron la transformación de metales innobles, como el plomo y el cobre en metales preciosos, como la plata y el oro. Además, trataron de crear una sustancia que fuera capaz de curar todas las enfermedades. Finalmente se aplicaron a descubrir el elixir de la inmortalidad.


Todo se resumía en la búsqueda de la piedra filosofal, considerada como la única sustancia capaz de conseguir la transmutación, la panacea universal y la inmortalidad. La creencia más extendida afirmaba que esta sustancia, puesta en un metal innoble como el hierro, mediante el proceso de fusión, sería transformada en oro.

La verdadera Piedra Filosofal es roja. Este polvo rojo posee tres virtudes:
1. Transforma en oro el mercurio o el plomo en fusión, sobre los cuales se deposita una pulgarada. (Digo en oro, y no “en un metal” que se le aproxime más o menos, como lo ha creído, ignoro por qué, un sabio contemporáneo)

2. Constituye un enérgico depurativo de la sangre y, cuando se la ingiere, cura cualquier enfermedad.
3. También actúa sobre las plantas, y las hace crecer, madurar y dar frutos en unas horas.

Los alquimistas creyeron firmemente en la existencia de siete principios básicos fueron utilizados para crear sistemas simbólicos. Estos siete fundamentos eran el fuego, el aire, la tierra y el agua, además de otros tres elementos esenciales: la sal , el mercurio y el azufre. El azufre poseía un carácter masculino, mientras que al mercurio se le atribuían peculiaridades femeninas y pasivas.
La alquimia buscó su apoyo en la ciencia de la astrología, pues desde los tiempos antiguos existía la creencia de que cada metal se encontraba bajo el influjo de un cuerpo celeste; por ejemplo, el hierro se correspondía con Marte, la plata con la Luna, el oro con el Sol, y así sucesivamente. De esta manera, cada metal era asignado con un símbolo igual que el de su planeta correspondiente.

La alquimia parte de la teoría de que los tres elementos fundamentales pueden ser combinados en distintas proporciones para formar nuevos cuerpos.


Fuentes:

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